Artículos sobre educación, divulgación y reivindicación de las enseñanzas científicas, publicados en diferentes diarios, webs y blogs, escritos por Casimiro Jesús Barbado López, ex-profesor de Biología y Geología en el IES "Miguel Crespo" (Córdoba), ex-presidente y, actualmente, secretario de la Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica (APCCC).
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viernes, 1 de enero de 2021
sábado, 21 de septiembre de 2019
Una jubilación anticipada
«Si quisiéramos obtener la certeza sin dudas y la verdad sin errores, habríamos de basar nuestro conocimiento en las matemáticas». Francis Bacon
Inspirándome en Machado diré que adoro la enseñanza y que en la moderna didáctica de las ciencias enseñé a contar los viejos guisantes del huerto de Gregor Mendel. Pero, tras eones dando clases, desdeño las romanzas de los pedagogos huecos y el coro de proyectos dermoestéticos que miran a la luna educativa, entre los que destaca el nuevo english trinar.
No quería jubilarme y sin embargo, tengo 332000 razones para hacerlo. Es el producto de tres números: 40x100x83. Cuarenta son los años que llevo en este maravilloso y a veces poco reconocido oficio, 13 como profesor de EGB y 27 en Secundaria. Son una losa, pero habría podido levantarla. Cien es el porcentaje de temor a no estar a la altura debido a los achaques, como me sucedió el curso pasado. Podría haber reducido esta cifra a un número mucho menor mediante algún tipo de terapia psicológica o filosófica. Y en eso estaba cuando en una conversación estival con la Dirección emergió de repente la tercera cifra como un veto: 83, el porcentaje de horas de biología y geología, mi especialidad, que no puedo elegir o impartir en mi centro. Un efecto postrero de la caída, hace unos cinco años, de un meteorito con forma de jarrón chino procedente del cometa Albión. Si cualquiera de estas cifras hubiese sido 0, no hubiese tenido razones numéricas para jubilarme. Y si lo hubiese hecho con la tercera anulada, entonces hubiese sido una jubilación aceptada y digna. Pero no ha sido así: me sustituye un profesor/a "bilingüe", lo que me convierte en una especie de sheriff Woody: un docente "amortizado".
Pero, aunque sea una jubilación temerosa y frustrante, creo que es un buen momento para recordar a los profesores/as que configuraron los diferentes departamentos de ese instituto que nació cuando yo entré, en 1998, a partir de las antiguas escuelas colorás. Todos ellos han dejado su impronta inconfundible, más allá de su profesionalidad y dedicación al alumnado y a sus familias.
Desde los maestros/as, como Ana Ariza y Santiago, de Matemáticas y Ciencias; Mª Eugenia, de Lengua; Araceli, de Inglés; Pilar, de Pedagogía Terapéutica y Joaquín, de Sociales; hasta la primera generación de profesores/as definitivos de secundaria, como Rafael Carmona, de E. Física; Mari Ángeles, orientadora; Rosa Pros, de Geografía e Historia y Antonio Luis Cosano, que aún permanece fiel al centro, como profesor de plástica y artista multifacético. A los dos últimos, junto con Araceli, les agradezco su colaboración como miembros de mi primer equipo directivo.
Luego se incorporaron decenas de docentes, completando los diferentes equipos y departamentos: Antonio Luis García-Atance, emérito incombustible y artista; Puri y Miguel, directores innovadores y comprometidos; Francisco Ángel y Javier, Jefe de Estudios y Secretario, respectivamente, durante mi segundo mandato (2005-2006), así como Paco Montero, Fuensanta, Pilar, Marisa, Julio, Lola, Carlos, Marina, Martín García (compañero en la extinta EGB), Pedro, Carmen Menchén, Francisco, Beatriz, Laureano y muchos más, definitivos, provisionales, interinos, en prácticas o en comisión de servicio. Y por supuesto, la plantilla actual, con Isabel, compañera de jubilación, quien asumió la Jefatura de Estudios en 2006, en momentos difíciles, cuando nadie quería hacerlo, ayudando a Miguel en su labor directiva durante seis años; María, maestra y trabajadora infatigable; Juan Molero, de quien he aprendido tanto sobre nuevas tecnologías; Ángela, que ha sabido estrujar el presupuesto cuando las ciencias lo han necesitado; mi admirado y leído Fernando; Mª Elena, con quien he compartido estos últimos años de trabajo en el laboratorio y en el departamento; Carmen Yuste, Jefa de Estudios, promotora de la mejora de la convivencia en el centro con actividades innovadoras y, por último Jerónimo, Rocío, Esther, Amelia, José, Carmen Hidalgo, Rafael, María Eugenia, Pepa y los definitivos del curso 18-19, Mónica, Lola y Juana, con quien solo he podido compartir la ilusión por mantener el centro en el lugar que le corresponde. Sin olvidar al personal no docente de cursos anteriores, como Paco, Pepe, Mª José y María y a los que trabajan en la actualidad, como María, Juan, Paqui y el conjunto de limpiadoras, que han demostrado y desmuestran día a día ser esenciales en el funcionamiento de los centros.
Hace 21 años entré con un maletín repleto de ilusiones, anhelando un cambio en las enseñanzas científicas mediante la incorporación de las nuevas metodologías basadas en el aprendizaje significativo y en la actividad de alumnado. Luego vino la Dirección durante tres cursos, la elaboración de documentos para sumergirnos en la LOGSE, en la LOE y en la LOMCE, la digitalización del centro, la construcción de su web y de su bitácora y de los diferentes blogs, los Paseos por la Ciencia, las competencias, las actividades extraescolares y complementarias, etc.
Hoy abandono el instituto con una mochila gris que transporta sentimientos enfrentados. Por una parte desencanto, al contemplar, en primer lugar, la pérdida total de horas de laboratorio, tras haber disfrutado de talleres en 1º y 3º, métodos de las ciencias en 2º y proyectos integrados en 4º y en segundo lugar, el sometimiento de todas las áreas de ciencias que se imparten en IES Miguel Crespo a una suerte de parasitismo sin sentido. Por la otra, siento también decepción y, aunque suene duro decirlo, resentimiento, al comprobar que, veintiún años después de abrir el maletín de ilusiones padagógicas, la Consejería de Educación me impide enseñar la biología y geología con la que obtuve destino definitivo en este instituto. Sentimientos negativos que, afortunadamente, se sitúan en un plano inferior al de esas emociones más gratificantes que me llevo a mi retiro y que engloban los afectos generados en la comunidad educativa y la satisfacción por el deber cumplido, incluyendo la generalización de las prácticas en mis asignaturas, la introducción de la evaluación por competencias, la organización del laboratorio y del departamento de ciencias naturales y, por supuesto, las aportaciones críticas a las enseñanzas científicas en Andalucía y a los cambios organizativos que surgieron tras la inoculación del bilingüismo en nuestra comunidad autónoma.
El tiempo se acabó, como dice la letra traducida del tema Time, de Pink Floyd. La canción, la mía, se ha terminado. Pensaba que tendría algo más que decir (y que hacer por la enseñanza de las ciencias)…
No quería jubilarme y sin embargo, tengo 332000 razones para hacerlo. Es el producto de tres números: 40x100x83. Cuarenta son los años que llevo en este maravilloso y a veces poco reconocido oficio, 13 como profesor de EGB y 27 en Secundaria. Son una losa, pero habría podido levantarla. Cien es el porcentaje de temor a no estar a la altura debido a los achaques, como me sucedió el curso pasado. Podría haber reducido esta cifra a un número mucho menor mediante algún tipo de terapia psicológica o filosófica. Y en eso estaba cuando en una conversación estival con la Dirección emergió de repente la tercera cifra como un veto: 83, el porcentaje de horas de biología y geología, mi especialidad, que no puedo elegir o impartir en mi centro. Un efecto postrero de la caída, hace unos cinco años, de un meteorito con forma de jarrón chino procedente del cometa Albión. Si cualquiera de estas cifras hubiese sido 0, no hubiese tenido razones numéricas para jubilarme. Y si lo hubiese hecho con la tercera anulada, entonces hubiese sido una jubilación aceptada y digna. Pero no ha sido así: me sustituye un profesor/a "bilingüe", lo que me convierte en una especie de sheriff Woody: un docente "amortizado".
Pero, aunque sea una jubilación temerosa y frustrante, creo que es un buen momento para recordar a los profesores/as que configuraron los diferentes departamentos de ese instituto que nació cuando yo entré, en 1998, a partir de las antiguas escuelas colorás. Todos ellos han dejado su impronta inconfundible, más allá de su profesionalidad y dedicación al alumnado y a sus familias.
Desde los maestros/as, como Ana Ariza y Santiago, de Matemáticas y Ciencias; Mª Eugenia, de Lengua; Araceli, de Inglés; Pilar, de Pedagogía Terapéutica y Joaquín, de Sociales; hasta la primera generación de profesores/as definitivos de secundaria, como Rafael Carmona, de E. Física; Mari Ángeles, orientadora; Rosa Pros, de Geografía e Historia y Antonio Luis Cosano, que aún permanece fiel al centro, como profesor de plástica y artista multifacético. A los dos últimos, junto con Araceli, les agradezco su colaboración como miembros de mi primer equipo directivo.
Luego se incorporaron decenas de docentes, completando los diferentes equipos y departamentos: Antonio Luis García-Atance, emérito incombustible y artista; Puri y Miguel, directores innovadores y comprometidos; Francisco Ángel y Javier, Jefe de Estudios y Secretario, respectivamente, durante mi segundo mandato (2005-2006), así como Paco Montero, Fuensanta, Pilar, Marisa, Julio, Lola, Carlos, Marina, Martín García (compañero en la extinta EGB), Pedro, Carmen Menchén, Francisco, Beatriz, Laureano y muchos más, definitivos, provisionales, interinos, en prácticas o en comisión de servicio. Y por supuesto, la plantilla actual, con Isabel, compañera de jubilación, quien asumió la Jefatura de Estudios en 2006, en momentos difíciles, cuando nadie quería hacerlo, ayudando a Miguel en su labor directiva durante seis años; María, maestra y trabajadora infatigable; Juan Molero, de quien he aprendido tanto sobre nuevas tecnologías; Ángela, que ha sabido estrujar el presupuesto cuando las ciencias lo han necesitado; mi admirado y leído Fernando; Mª Elena, con quien he compartido estos últimos años de trabajo en el laboratorio y en el departamento; Carmen Yuste, Jefa de Estudios, promotora de la mejora de la convivencia en el centro con actividades innovadoras y, por último Jerónimo, Rocío, Esther, Amelia, José, Carmen Hidalgo, Rafael, María Eugenia, Pepa y los definitivos del curso 18-19, Mónica, Lola y Juana, con quien solo he podido compartir la ilusión por mantener el centro en el lugar que le corresponde. Sin olvidar al personal no docente de cursos anteriores, como Paco, Pepe, Mª José y María y a los que trabajan en la actualidad, como María, Juan, Paqui y el conjunto de limpiadoras, que han demostrado y desmuestran día a día ser esenciales en el funcionamiento de los centros.
Hace 21 años entré con un maletín repleto de ilusiones, anhelando un cambio en las enseñanzas científicas mediante la incorporación de las nuevas metodologías basadas en el aprendizaje significativo y en la actividad de alumnado. Luego vino la Dirección durante tres cursos, la elaboración de documentos para sumergirnos en la LOGSE, en la LOE y en la LOMCE, la digitalización del centro, la construcción de su web y de su bitácora y de los diferentes blogs, los Paseos por la Ciencia, las competencias, las actividades extraescolares y complementarias, etc.
Hoy abandono el instituto con una mochila gris que transporta sentimientos enfrentados. Por una parte desencanto, al contemplar, en primer lugar, la pérdida total de horas de laboratorio, tras haber disfrutado de talleres en 1º y 3º, métodos de las ciencias en 2º y proyectos integrados en 4º y en segundo lugar, el sometimiento de todas las áreas de ciencias que se imparten en IES Miguel Crespo a una suerte de parasitismo sin sentido. Por la otra, siento también decepción y, aunque suene duro decirlo, resentimiento, al comprobar que, veintiún años después de abrir el maletín de ilusiones padagógicas, la Consejería de Educación me impide enseñar la biología y geología con la que obtuve destino definitivo en este instituto. Sentimientos negativos que, afortunadamente, se sitúan en un plano inferior al de esas emociones más gratificantes que me llevo a mi retiro y que engloban los afectos generados en la comunidad educativa y la satisfacción por el deber cumplido, incluyendo la generalización de las prácticas en mis asignaturas, la introducción de la evaluación por competencias, la organización del laboratorio y del departamento de ciencias naturales y, por supuesto, las aportaciones críticas a las enseñanzas científicas en Andalucía y a los cambios organizativos que surgieron tras la inoculación del bilingüismo en nuestra comunidad autónoma.
El tiempo se acabó, como dice la letra traducida del tema Time, de Pink Floyd. La canción, la mía, se ha terminado. Pensaba que tendría algo más que decir (y que hacer por la enseñanza de las ciencias)…
Septiembre 2019
Pareceres
Prólogo de ‘Crisol de Pareceres’
Tres inquietos profesores y una
periodista. Confieso que prologar este libro, en el que estos tres profesores,
con inquietudes más allá de la docencia, de pluma ágil y comprometida, recopilan muchos de los artículos publicados a
lo largo de su vida profesional, me causó cierto desasosiego pero también un
enorme agradecimiento. Me une a ellos no solo una vinculación periodística sino
también gran admiración por su trabajo. En el suplemento de Educación, que
coordino en Diario CÓRDOBA, desde 1987, han tenido las puertas abiertas para
publicar sus opiniones, siempre acertadas, sobre las preocupaciones e
inquietudes de cada momento. Análisis y pareceres de tres docentes que no han
dudado en salir del aula del instituto para transmitir sus ideas y
conocimientos en ese aula exterior que nos lee a través de los periódicos.
Sebastián Muriel Gomar y Casimiro
Jesús Barbado, desde la ciencia, y Antonio González Carrillo, desde la
Filosofía, han unido sus variadas reflexiones en este volumen, que seguro nos dará
a conocer a unos hombres de profundas convicciones que aportan sus opiniones
sobre temáticas muy variadas.
Sebastián Muriel, natural de
Alcaracejos, catedrático de Física y Química en el IES Medina Azahara, su
último lugar de trabajo, ha publicado en prensa escrita y blogs, pero este es
su primer libro. Su primer artículo lo publicó en Diario CÓRDOBA, el 24 de
diciembre de 1984, titulado ‘Los ajustes y reformas necesarias en el terreno de
la enseñanza’, donde abordó los cambios que se vislumbraban en la Formación
Profesional. Luego, durante décadas, el Suplemento de Educación fue la
plataforma para seguir mostrando sus análisis certeros, lo mismo que desde las
páginas de Opinión del periódico. Cuando me sugirió, junto a Casimiro, que
pudiéramos dedicar una sección a la ciencia, no lo dudé un instante, y abrimos
un espacio para la divulgación
científica. Ya ambos formaban parte de la Asociación del Profesorado de Córdoba
por la Cultura Científica, que ha luchado mucho por dar a la ciencia el lugar
que merece.
Ambos entienden que “la ciencia
es cultura”, y esta concepción, a veces olvidada por la ciudadanía pero también
por alguna parte del profesorado y de las administraciones, unida a un
compromiso por mejorar la enseñanza de las ciencias, los animó en el 2003,
junto a un grupo de profesores de profesores de Biología y Geología a promover
una campaña en defensa de esta asignatura, germen de la asociación que después
se constituiría, cuyo reto más importante fue la celebración de la actividad
‘Ciencias en la calle’, hoy Paseo por la
Ciencia.
Así pues,
muchos de sus artículos en el Suplemento de Educación se enfocaron en esta línea de divulgación
científica. Sebastián evoluciona en una tercera parte de su recopilación de
artículos de este libro y sus temas se enfocan a asuntos más cotidianos y algo
más de literatura, “pero el tufillo de lo pedagógico está siempre presente”,
confiesa. Para Sebastián Muriel, “esta obra sintetiza nuestra inquietud por aprender y por opinar”.
Las inquietudes de Casimiro Barbado, profesor de
Biología y Geología en el IES Miguel Crespo, de Fernán Núñez, han derivado a lo
largo de los años por tres claros temas: educación, cultura científica y
laicismo. Lamenta que muchos de los temas sobre los que ha reflexionado en el
ámbito de la educación no se hayan solucionado desde que empezó a formularlos
en el 2005, desde la lamentable situación de las enseñanzas científicas a la
necesidad de un pacto educativo. También escribió en el Suplemento de Educación
de Diario Córdoba varios artículos de divulgación científica, consciente del
“gran abismo” que encontraba entre las ciencias y las letras y la absurda idea
de entender que una persona es culta solo si ha leído a grandes de la
literatura y no por conocer los “enigmas” de la ciencia. El laicismo es otra de
sus preocupaciones, pero no como movimiento antirreligioso, sino como lucha
hacia un estado aconfesional y una enseñanza pública libre de influencia
religiosa.
Antonio
González Carrillo, profesor de Filosofía nacido en Villaharta, la tercera pata
de este “triunvirato” docente, empezó a dar clases en el curso 1979-80 y tras
pasar por centros en Valencia, Zaragoza o Melilla recaló en Córdoba, en los IES
López Neyra, Trassierra y Alhaken II, en la capital, así como en los institutos
de Fernán Núñez, Puente Genil y Posadas. También sus inquietudes traspasaron
pronto los límites del aula y empezó a publicar artículos en revistas
especializadas de Filosofía, de pedagogía y arte, así como en periódicos
locales, como Diario CÓRDOBA, donde ha dejado plasmadas muchas de sus
reflexiones en el Suplemento de Educación y en las páginas de opinión. Este
libro confiesa que supone una especie de “biografía intelectual”.
Antonio
González aborda tanto temas de Filosofía, materia de la que ha sido docente más
de 30 años, como de política, literatura o artes. Comienza con un artículo
instando a releer a Ortega puesto que “su pensamiento sigue siendo hoy un
mensaje refrescante en el mundo de la cultura”, y continúa con Castilla del
Pino, Descartes, Habermas o Karl Popper.
Su inquietud
cultural la plasmó también en el Gran Teatro, donde fue creador, director y
coordinador de la revista El Paraíso. Así también dedica algunos artículos al
teatro, a Leo Brower, que fue director de la Orquesta de Córdoba, o a Dylan, al
que llama ‘trovador eléctrico’.
En
definitiva, un volumen para conocer pareceres diversos sobre asuntos de plena
actualidad, reflexiones sobre la educación, la ciencia y la cultura, análisis claros
y acertados de tres amigos docentes, comprometidos con Córdoba y el mundo.
Carmen Aumente, Redactora Diario Córdoba.
jueves, 13 de marzo de 2014
Parásitos manipuladores
| Cadáver de hormiga con el cuerpo fructífero de un hongo del género Cordyceps. Crédito: The Earthy Report |
Una hormiga, atacada por un hongo, sube a un árbol y muerde una hoja con una fuerza hercúlea, en lo que parece ser una especie de “sacrificio final”. Un ratón, infectado de toxoplasmas, se pasea delante de un gato, entregándose así a una muerte segura. Tanto el insecto como el mamífero son la prueba viviente de una “voluntad animal” sometida, es decir, de la manipulación de la conducta de una especie al servicio exclusivo de su parásito. Así de sencillo y contundente.
El parasitismo es un tipo de asociación ecológica en la que un ser vivo, el parásito, vive a expensas de otro, el huésped u hospedador, dentro de su cuerpo o en su superficie. Para hacerlo despliega todo un arsenal de herramientas que, en definitiva, le sirven para obtener de su víctima el hábitat para desarrollarse, el medio para trasladarse y la energía para realizar sus funciones vitales, entre las que destaca la reproducción. Por ejemplo, los piojos viven en nuestro cuero cabelludo, se trasladan de un lugar a otro montados en nuestras cabezas y “beben” nuestra sangre. ¿Qué más se puede pedir?
Las interacciones parásito-huésped son profundas y sutiles. Para entender el alcance de las mismas volvamos a la hormiga y, posteriormente, al ratón suicida y a los recovecos de la mente humana. Imaginemos la siguiente escena en un bosque tropical brasileño: Una hormiga carpintera camina por el suelo, mientras una fina lluvia de esporas de un hongo, el Ophiocordyceps unilateralis, cae sobre su cuerpo. Algunas esporas lo taladran. En un par de días, la hormiga abandona el hormiguero, aparentemente para salvar a su colonia, y trepa hasta un árbol, donde se aferra firmemente a una hoja, para morir allí unas seis horas después, cuando las hifas del hongo digieren y ocupan sus entrañas. Al cabo de una semana, emerge por su nuca un filamento alargado con una especie de saquito del que se desprenden miles de esporas, que caen sobre el suelo del bosque, por donde desfilan otras potenciales víctimas en ecológica procesión.
No sabemos cuál es el mecanismo por el que el hongo manipula el sistema nervioso de la hormiga. Tal vez sea de tipo molecular. Pero el resultado es la “zombificación” del insecto: La hormiga es “conducida” hasta un lugar con las condiciones de temperatura y de humedad adecuadas para el desarrollo y la reproducción del parásito. Posteriormente, este la obliga a morder fuertemente un nervio de la hoja, situada a la altura precisa, ni más ni menos. Luego la mata y colgada como una momia, como los cientos de compañeras que forman ese siniestro “cementerio flotante”, es utilizada por el hongo para diseminar sus células reproductoras. Y eso no es todo. Recientes descubrimientos sugieren que la hormiga se defiende ¡utilizando otro hongo que parasita al primero! No sé al lector, pero a mí me parece, sencillamente, un prodigio de diseño…EVOLUTIVO.
El ratón sin miedo no teme a los gatos. Es más, le encanta el olor a sus excrementos y los busca con temeridad, como se ha demostrado en varios experimentos. Está infectado por Toxoplasma gondii, un protozoo parásito que se desarrolla en gatos, ratones y ratas, aves y también, en humanos. Los ratones se infectan cuando entran en contacto con los excrementos gatunos que contienen quistes del parásito. Estos se introducen por vía oral y se instalan provisionalmente como individuos asexuados en los músculos y en el cerebro de sus huéspedes intermedios, en donde provocan, mediante la fabricación de algún tipo de neurotransmisor, el bloqueo de ese temor instintivo hacia los gatos, así como un comportamiento más osado, lo que los convierte en presas más fáciles para los felinos, que son sus huéspedes definitivos. Cuando un gato ingiere carne de ratón con toxoplasmas, se cierra el ciclo vital del protozoo, culminando su desarrollo sexual en el intestino, donde producen los quistes que se liberan con las heces. En los seres humanos, estos quistes pueden ser ingeridos tras manipular, por ejemplo, las cajas de arena donde nuestras mascotas abandonan, “educadas”, sus olorosas deposiciones. Por tanto, ¡cuidado con los gatos, sobre todo, las mujeres embarazadas!
Si los humanos también pueden ser infectados por Toxoplasma gondii, tal vez sea el momento de preguntarse si estos parásitos podrían manipular también nuestra conducta para obtener alguna ventaja. Al fin y al cabo, estamos dotados de un cerebro semejante al de los ratones y, aunque no tenemos terror atávico a los gatos, sí compartimos con nuestros parientes mamíferos emociones primarias. Pues bien, recientes estudios han revelado que la toxoplasmosis puede aumentar el riesgo de padecer esquizofrenia, afectando al nivel de ciertos neurotransmisores como la dopamina. También se han observado los efectos de este protozoo en el comportamiento de individuos sanos portadores (el 30 % de la población), como por ejemplo, cierto aumento del tiempo de reacción frente a eventos inesperados o una excesiva calma ante situaciones de peligro difuso, lo cual podría provocar que estos individuos tengan un mayor riesgo de sufrir accidentes.
La Ciencia no ha dicho la última palabra. Nunca la dice. Pero todo sugiere que nuestra conducta, nuestra personalidad y tal vez, nuestros patrones culturales, están determinados por nuestros genes en continua interacción con el ambiente, sin descartar la influencia de nuestros parásitos y de nuestros simbiontes, como las bacterias de la flora intestinal. Pero esto sería otra historia.
Diario Córdoba, edición en papel, 16.02.14
Casimiro Jesús Barbado López
Asociación Profesorado de Córdoba por la Cultura Científica
miércoles, 15 de mayo de 2013
Para qué nos sirven las Ciencias
Hoy hemos hablado Sebastián Muriel y yo sobre Ciencias a un grupo de alumnos/as de 4º de la ESO del IES Alhaken II.
Ha sido una experiencia muy interesante y enriquecedora para nosotros. Espero que también lo haya sido para el alumnado y su profesor.
Ha sido una experiencia muy interesante y enriquecedora para nosotros. Espero que también lo haya sido para el alumnado y su profesor.
Aunque se trataba de chavales y chavalas que no estudian actualmente ninguna asignatura de Ciencias, han asistido con interés y atención a nuestra exposición.
Muchas gracias a todos/as y, en especial, a su profesor tutor, Antonio González, por permitirnos charlar con sus alumnos/as e invitarles a reflexionar sobre el papel de las Ciencias en la educación ciudadana.
Os dejo la presentación que utilicé para invitarlos a pensar.
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CULTURA CIENTÍFICA,
EDUCACIÓN CIENTÍFICA
sábado, 16 de febrero de 2013
Colaboración en el Diario Córdoba
EDUCAR EN TIEMPOS DIFÍCILES (1ª Parte)
A principios de los años 80 del siglo pasado, cuando empezaba mi trabajo en la escuela, el maestro extremeño Gonzalo Roffignac escribía estos pesimistas versos: “Hoy me vienen los niños al Colegio/ Qué les digo que aprendan/ si cada día/ saben menos los hombres allá afuera”. Han pasado treinta y tres años y me dispongo a plantear una pregunta semejante, concebida como una suerte de disparo a las conciencias de las familias, del profesorado y de los políticos: ¿Qué clase de educación hay que ofrecer a nuestros alumnos/as, para que no naufraguen en estos tiempos tan difíciles? Bajo mi punto de vista, el modelo educativo que responda a este interrogante debería contemplar tres facetas humanas en continua interacción: El desarrollo de la personalidad, la toma de conciencia de la realidad y la preparación para la vida social, en un contexto de crisis socio-ecológica global.
Hoy en día educar significa, a nivel personal, dotar a los individuos de los conocimientos y las herramientas necesarias para potenciar el desarrollo de la afectividad, las habilidades cognitivas, la imaginación, la creatividad, las capacidades de expresión y comunicación (incluyendo las correspondientes al espacio digital), la autonomía personal y el ejercicio responsable de la libertad. Sin embargo, para garantizar la adquisición de conocimientos fiables sobre el mundo y sobre nosotros/as y ante la variada herencia recibida en forma de rico legado cultural, con aportaciones científicas, tecnológicas y artísticas, pero también con creencias y tabúes religiosos, que pueden ser un lastre para el progreso social, necesitamos un “software” intelectual y emocional complementario. Por ello, la educación debe propiciar el nacimiento y desarrollo de lo que denominamos "espíritu crítico", que no es otra cosa que cierta dosis escepticismo, entendido como vacuna para nuestras mentes, ante la virulencia de las falsas creencias, los viejos y los nuevos demonios y el relativismo moral. Sin olvidar el desarrollo de otras tres cualidades individuales esenciales: La coherencia personal, para mantener criterios propios; la motivación, la ilusión y las aptitudes para seguir aprendiendo a lo largo de la vida y, en muchas ocasiones, el talento para “desaprender”, es decir, para cambiar nuestros puntos de vista, de forma reflexiva, ante el flujo de los acontecimientos y las razones de los demás.
En este contexto individual, la educación debe tener otros dos objetivos adicionales vinculados a la Justicia Social y a la Igualdad. El primero se refiere a la prevención y a la atención de las desigualdades físicas, síquicas, socio-económicas o de cualquier otra índole, que permitan la integración en la sociedad de todas las personas, como miembros activos, de pleno derecho, a pesar de sus limitaciones. El segundo se vuelca en la formación y el reciclaje en el mundo laboral, dos retos educativos de primer orden, cuando el trabajo se ha convertido en un bien escaso y transitorio. Esta formación debe pertrechar a los ciudadanos/as de las destrezas para desarrollar una ocupación a la medida de sus capacidades y de los instrumentos de reflexión que le permitan cuestionar el modelo socio-económico que nos ha conducido a esta situación, y reclamar, en su caso, a título individual y colectivo, el empleo digno con el que satisfacer unas necesidades sensatas.
Para traspasar las fronteras individuales de la educación tenemos que romper las burbujas grupales, locales y nacionales en las que nos desenvolvemos como individuos y exponernos a situaciones de aprendizaje que posibiliten la toma de conciencia de la crisis ecológica y social que afecta a gran parte de la Humanidad, con el fin de intervenir para mejorar las condiciones de vida de todos/as, incluyendo las de las generaciones venideras. Es decir, tenemos que educar para comprender que los recursos del planeta son limitados y están injustamente repartidos, con una minoría que tiene acceso a bienes y servicios superfluos, mientras la inmensa mayoría no alcanza las mínimas cotas de bienestar. Por eso la educación tiene que favorecer la aparición de una conciencia ecológica y social global, formando ciudadanos/as conocedores de los problemas medio-ambientales y sociales, mientras van adquiriendo actitudes críticas, compromiso, responsabilidad social y aptitudes intelectuales y sociales para intervenir en la resolución de estos problemas.
Diario Córdoba 27.02.13
EDUCAR EN TIEMPOS DIFÍCILES (2ª Parte)
La vida en comunidad se fundamenta en la autonomía personal, en la libertad individual, en la democracia y en el respeto a las leyes. Pero ¿qué tipo de democracia y qué leyes necesitamos hoy en día? La democracia actual parece reducida a la vida de los partidos políticos y a la elección de representantes cada cuatro años; aunque comienzan a oírse voces críticas y movimientos que cuestionan este raquítico sistema democrático.
Además, la política está generando cotas alarmantes de corrupción a diferentes niveles y, lo que es peor, se está instalando en la conciencia general la idea de que estas prácticas son normales e inevitables, a juzgar por el respaldo electoral recibido por algunos políticos/as, implicados judicialmente en este tipo de asuntos.
Hay que atajar la corrupción, pero sobre todo esa generosa percepción que tienen de ella muchos ciudadanos/as. Por esta razón, la educación debería aportar las estrategias intelectuales y éticas para descubrir y rechazar las actuaciones egoístas e insolidarias de los gestores/as de los bienes públicos y privados, además de exigir las responsabilidades pertinentes. Y, mientras se potencia el ejercicio de la autonomía y de la libertad responsable, debe proveer a las personas de los valores y actitudes necesarias para construir una democracia real, que cuestione los cauces de representación existentes e impulse nuevas estrategias asociativas y participativas que favorezcan la toma de decisiones comunes relevantes.
En estos dos artículos semanales hemos reflexionado sobre el desarrollo individual, sobre la concienciación ecológica y social y sobre la implicación de los seres humanos en la vida democrática. Sin embargo, después de casi mil palabras buscando los fines de la educación, me he dado cuenta de que aún me queda por decir lo más importante, es decir, lo que le da sentido a nuestra existencia en estos tiempos de crisis (y en todos los tiempos): La búsqueda de la felicidad o, lo que es lo mismo, la búsqueda de la vida buena de los manuales de ética.
El poeta Gabriel Celaya, en una magistral defensa de la labor docente, escribió que educar es lo mismo que poner motor a una barca. Los maestros tratamos de poner motores a esos cientos o miles de barcas que se cruzan en nuestras vidas, que navegan sin rumbo, hasta que la madurez y los derroteros de la vida les sugieren los puertos a los que tienen que arribar. Hoy más que nunca, o tal vez como siempre, la vida es una lucha constante contra los elementos. Y la educación, el motor que trata de llevar nuestra barca a un buen puerto, el de la felicidad, en las revueltas aguas de la vida. Una vida buena que se eleva a felicidad colectiva, mientras retroalimenta la propia felicidad individual, al vernos reflejados en el espejo de los otros gracias a la empatía. Este sería, para mí, el fin último de la educación, tanto en el seno de la familia (cualquiera que sea el tipo de familia), como en el ámbito escolar.
Me viene a la mente otra pregunta, como colofón a estas reflexiones. Pero esta vez es retórica: ¿Le interesa al sistema político-social vigente, el modelo educativo que he descrito? La respuesta es fulminante: No, porque el sistema se nutre de ciudadanos/as acríticos, poco comprometidos, desmovilizados y devoradores de recursos, que alimentan las cuentas de resultados de las minorías financieras.
No hace falta ir muy lejos ni en el espacio ni en el tiempo. El modelo que aquí proponemos está a años luz de la reforma que hoy en día nos impone el ministro de turno, a juzgar por el concepto de educación que se destila de la primera propuesta del “Punto de partida” del anteproyecto de la nueva ley (LOMCE): “Mejora del nivel educativo de los ciudadanos como apuesta por el crecimiento económico y la competitividad”. Así, sin más adornos que unos cuantos objetivos contables, como reducir el fracaso escolar o mejorar los resultados de PISA; sin grandes parrafadas; sin vergüenza… ¡Qué claridad y qué cinismo!
La sociedad que queremos construir la mayoría de los ciudadanos/as exige la implicación colectiva de mujeres y hombres que empiecen a saber que fuera de los muros de la escuela, otro mundo es posible. Y que la educación es el principal motor para hacerlo realidad. Nos estamos jugando nuestro futuro.
Diario Córdoba 3.04.2013 (en papel)
miércoles, 30 de enero de 2013
La guerra de las plantas
Mandíbulas, cuernos, picos, garras, fluidos corporales, etc. Los animales utilizan un amplio repertorio de herramientas para luchar por las hembras, cazar a sus presas y defender su territorio. Todas ellas están bajo la tutela de un Sistema Nervioso más o menos complejo. En el vértice de esta pirámide armamentística están los seres humanos, con un perverso despliegue de recursos tecnológicos, desde que un ejemplar de homínido cainita manipulase un hueso o una piedra, con la intención de matar a su vecino Abel, tal vez por los mismos e “instintivos” motivos.
Sin embargo, las plantas son sedentarias y no tienen Sistema Nervioso. Sabemos que sus espinas o su sabor las protegen de los depredadores, pero… ¿Cómo compiten entre ellas? ¿Cómo se atacan unas a otras? ¿Cómo se defienden de sus potenciales enemigos?
Lo hacen sutilmente mediante la guerra química. Este combate entre plantas se denomina alelopatía, palabra que significa, literalmente, sufrimiento (pathos) causado a otro (allelo). Se define como la habilidad de las plantas de frenar (o a veces estimular) el crecimiento de otras plantas por medio de sustancias químicas alelopáticas, que liberan al medio. Un recurso que, desgraciadamente, los seres humanos también han aprendido a hacerlo para acabar con sus semejantes de forma silenciosa y eficaz.
Los compuestos alelopáticos suelen ser fenoles, terpenos, alcaloides y otras sustancias del metabolismo secundario vegetal y, normalmente, se disuelven bien en agua, lo que garantiza su difusión en el suelo. Se fabrican en las hojas, tallos, raíces y en, algunas especies, en sus flores. Se difunden siguiendo varias vías. Normalmente, las hojas y los restos vegetales caen al suelo y, al descomponerse, liberan estas sustancias tóxicas. Otras veces son los exudados de las raíces los que actúan directamente sobre las raíces de otras plantas o bien, son lavados por la lluvia desde las hojas y llegan al suelo, donde pueden ser degradados por la actividad microbiana, originando otros compuestos más tóxicos que los precursores. Por último hay plantas que liberan al aire directamente los agentes alelopáticos, como el etileno y los aceites volátiles, alcanzando así a otras plantas.
El mecanismo de acción sobre las plantas “diana” es muy variado. Pueden alterar su producción de hormonas, la fotosíntesis, la respiración o la actividad de sus membranas celulares. Y, en general, sirven para reducir las posibilidades de que las plantas competidoras exploten un determinado recurso.
Esto explica por qué muchas malas hierbas resultan perjudiciales para los cultivos, ya que, además de “robarles” parte de la energía luminosa y de los nutrientes, producen sustancias que inhiben o retardan su germinación, frenan su crecimiento o aumentan su debilidad a las plagas y al estrés. Tal vez un ejemplo nos ayude a comprenderlo mejor. Es el caso de la devastadora maleza denominada cisca (Imperata cylindrica) que inhibe el crecimiento del maíz y del centeno gracias a diversas sustancias alelopáticas, como la escopolina y el ácido benzoico, presentes en sus residuos en descomposición.
Las alelopatías y las sustancias alelopáticas han despertado un gran interés desde el punto de vista agronómico, debido a la necesidad de encontrar nuevos herbicidas, ante la creciente aparición de resistencias frente a los productos convencionales y su impacto negativo en el medio ambiente y en la salud. Además, ciertas moléculas están siendo investigadas no solo como fuente directa de compuestos activos contra las malas hierbas, sino como precursoras de otros potenciales herbicidas sintéticos. Una muestra más de que la Ecología puede estar al servicio del desarrollo tecnológico sostenible.
Diario Córdoba 27/01/2013 (Resumido y editado por la redacción del diario).
Sin embargo, las plantas son sedentarias y no tienen Sistema Nervioso. Sabemos que sus espinas o su sabor las protegen de los depredadores, pero… ¿Cómo compiten entre ellas? ¿Cómo se atacan unas a otras? ¿Cómo se defienden de sus potenciales enemigos?
Lo hacen sutilmente mediante la guerra química. Este combate entre plantas se denomina alelopatía, palabra que significa, literalmente, sufrimiento (pathos) causado a otro (allelo). Se define como la habilidad de las plantas de frenar (o a veces estimular) el crecimiento de otras plantas por medio de sustancias químicas alelopáticas, que liberan al medio. Un recurso que, desgraciadamente, los seres humanos también han aprendido a hacerlo para acabar con sus semejantes de forma silenciosa y eficaz.
Los compuestos alelopáticos suelen ser fenoles, terpenos, alcaloides y otras sustancias del metabolismo secundario vegetal y, normalmente, se disuelven bien en agua, lo que garantiza su difusión en el suelo. Se fabrican en las hojas, tallos, raíces y en, algunas especies, en sus flores. Se difunden siguiendo varias vías. Normalmente, las hojas y los restos vegetales caen al suelo y, al descomponerse, liberan estas sustancias tóxicas. Otras veces son los exudados de las raíces los que actúan directamente sobre las raíces de otras plantas o bien, son lavados por la lluvia desde las hojas y llegan al suelo, donde pueden ser degradados por la actividad microbiana, originando otros compuestos más tóxicos que los precursores. Por último hay plantas que liberan al aire directamente los agentes alelopáticos, como el etileno y los aceites volátiles, alcanzando así a otras plantas.
El mecanismo de acción sobre las plantas “diana” es muy variado. Pueden alterar su producción de hormonas, la fotosíntesis, la respiración o la actividad de sus membranas celulares. Y, en general, sirven para reducir las posibilidades de que las plantas competidoras exploten un determinado recurso.
Esto explica por qué muchas malas hierbas resultan perjudiciales para los cultivos, ya que, además de “robarles” parte de la energía luminosa y de los nutrientes, producen sustancias que inhiben o retardan su germinación, frenan su crecimiento o aumentan su debilidad a las plagas y al estrés. Tal vez un ejemplo nos ayude a comprenderlo mejor. Es el caso de la devastadora maleza denominada cisca (Imperata cylindrica) que inhibe el crecimiento del maíz y del centeno gracias a diversas sustancias alelopáticas, como la escopolina y el ácido benzoico, presentes en sus residuos en descomposición.
Las alelopatías y las sustancias alelopáticas han despertado un gran interés desde el punto de vista agronómico, debido a la necesidad de encontrar nuevos herbicidas, ante la creciente aparición de resistencias frente a los productos convencionales y su impacto negativo en el medio ambiente y en la salud. Además, ciertas moléculas están siendo investigadas no solo como fuente directa de compuestos activos contra las malas hierbas, sino como precursoras de otros potenciales herbicidas sintéticos. Una muestra más de que la Ecología puede estar al servicio del desarrollo tecnológico sostenible.
Diario Córdoba 27/01/2013 (Resumido y editado por la redacción del diario).
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