miércoles, 14 de diciembre de 2011

Hoaxes


http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Great-Moon-Hoax-1835-New-York-Sun-lithograph-298px.jpg?uselang=es
Todas las semanas recibo algún correo electrónico encadenado. Los hay que informan de terribles amenazas víricas para nuestros PCs o de trasplantes infantiles perentorios. Se denominan hoaxes. Hace pocas semanas recibí uno por dos vías distintas. Era una poesía satírica sobre la pereza de un diputado a la hora de ir al Congreso, atribuida a Fray Junípero Serra (1713-1784), franciscano evangelizador de las Américas durante el siglo XVIII. El correo terminaba con un lacónico “piensen que fue escrito en 1700 y valoren su vigencia”. Era una forma sutil de sugerirnos que, desde el principio, los parlamentarios han sido un “atajo de vagos e impresentables”. La duda me asaltó al instante, ya que no parecía un lenguaje del dieciocho. Además, usaba la palabra estrés, que no había sido acuñada aún (lo que no significa que no lo sintieran los atribulados hombres y mujeres de aquella época) y, lo que era más importante, este fraile no llegó a conocer las Cortes Generales, dado que las primeras datan de 1810. Investigué en la web y al momento hallé la respuesta: El autor de los versos envenenados era un colaborador de la derecha mediática, un tal José Aguilar Jurado, alias Fray Josepho de la Tarima. Los había recitado en un programa de radio que también pude escuchar (ahora llaman podcasts a estos archivos).

¿Cómo surgen este tipo de mensajes y porqué se extienden por la red de esta manera? No tengo una respuesta general a la primera parte de la pregunta, aunque sí creo tener elementos de juicio para aproximarme a la segunda. Y lo haré, por “deformación profesional”, ilustrándolo con dos correos relacionados con la Ciencia. El primero lo recibí en 2009. En resumen, el texto venía a decir que el 27 de Agosto, a medianoche, el planeta Marte sería la estrella más brillante en el Cielo, tan grande como la Luna llena y que el suceso no se volvería a repetir hasta el año 2287. Además desvelaba una explicación científica del hecho y las orientaciones para realizar esta asombrosa observación.

Al parecer, el engaño nació en el año 2003, cuando Marte alcanzó su máxima aproximación a nuestro planeta, situándose a unos 55 millones de km. Desde entonces circula por internet, repitiéndose a finales de agosto, a pesar de que con unos mínimos conocimientos astronómicos cualquiera desmontaría esta leyenda urbana. Demos unas cuantas cifras: Marte mide unos 6700 km de diámetro y, como hemos dicho, se encuentra a más de 55 millones de km (distancia mínima). Se observa en el cielo como una “estrella” de color rojizo que no titila, con una magnitud máxima de -2,8 (cuanto más negativo sea este valor, mejor se ve el astro). La Luna mide 3476 km (la mitad que Marte) y se encuentra a una distancia media de 384.000 km. Su magnitud aparente en plenilunio es de -12,6. Ahora piense el lector si una bola el doble de grande que la Luna puede verse igual que nuestro satélite, si está 140 veces más lejos. ¡Claro que podría suceder si… Marte se acercase a la Tierra hasta los 770.000 km (el doble de la distancia a la que se encuentra la Luna)! Si es así, reflexionemos entonces sobre la posibilidad de acercarse y alejarse en unas pocas horas y en las consecuencias de semejante aproximación, debido a su influjo gravitatorio: Mareas gigantes, desvío de órbitas, colisiones planetarias, etc.

Me interesan también los hoaxes referidos a la salud. Recuerdo uno más antiguo sobre tampones. Se presentaba en forma de powerpoint. Dicho mensaje advertía que muchos fabricantes ponen asbesto para producir más sangrado y aumentar así las ventas. El falso mensaje también se refería a otros dos componentes, el rayón y la dioxina, considerados carcinógenos igualmente. El mensaje finalizaba con una recomendación para usar tampones hechos 100% de algodón. Consultando la web supe que los tampones no contienen asbesto, que el rayón deriva de la celulosa y que, aunque las dioxinas se consideran perjudiciales para la salud, su presencia en los tampones (de algodón o de rayón, da igual) es despreciable, muy inferior a la que proporciona la dieta. ¿Fue un montaje de los fabricantes de tampones más “naturales”? No lo sé.

¿Por qué siguen transmitiéndose estos mensajes si no tienen fundamento? Creo que la respuesta es muy sencilla y, a la vez, desoladora. La irrupción en internet de estos contenidos pseudocientíficos facilita su multiplicación como patrañas en millones de cerebros interconectados, porque sus usuarios no están protegidos por dos de los “anticuerpos” fundamentales para moverse por el mundo y vivir en sociedad: La cultura científica y el espíritu crítico. Y así nos va.

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