domingo, 18 de noviembre de 2012

Educar en tiempos difíciles (3ª parte): La vida en la sociedad global.


El modelo que propongo, para traspasar las fronteras individuales de la educación, se sustenta en la potenciación de la empatía, ese rasgo genético vinculado a la inteligencia emocional e interpersonal, forjado a lo largo de la evolución humana, como mecanismo para facilitar la cohesión del grupo. Es a partir de esta capacidad de ponerse en el lugar de los demás desde donde podemos impulsar la aparición y el cultivo de valores y actitudes como el altruismo,  la tolerancia, la solidaridad y la cooperación, fundamentales para la convivencia. Para hacerlo, tenemos que romper las burbujas grupales, locales y nacionales en las que nos desarrollamos como individuos y exponernos a situaciones que nos permitan tomar conciencia de la crisis ecológica y social en la que nos encontramos, que afecta a gran parte de la Humanidad, con el fin de intervenir para mejorar las condiciones de vida de todos/as , incluyendo las de las generaciones venideras (solidaridad diacrónica).

Es decir, tenemos que educar para comprender que los recursos del planeta son limitados y están injustamente repartidos, con una minoría que tiene acceso a bienes y servicios superfluos, mientras la inmensa mayoría no alcanza las mínimas cotas de  bienestar. Por eso la educación tiene favorecer la aparición de una conciencia eco-social global, formando  ciudadanos/as conocedores de los problemas medio-ambientales y sociales (paro, pobreza, marginalidad, discriminación sexual, racismo,  carencia o deterioro de estructuras sanitarias y educativas, explotación laboral, endeudamiento de los Estados, etc.) a escalas local, regional y global, mientras adquieren actitudes  críticas, compromiso, responsabilidad social y aptitudes intelectuales y sociales para intervenir en la resolución de estos problemas.

Por otra parte, la vida en comunidad se fundamenta en la autonomía personal, en la libertad individual,  en la democracia y en el respeto a las leyes. Pero  ¿qué tipo de democracia y qué tipo de leyes necesitamos? La  democracia actual parece reducida  a la vida de los partidos políticos y a la elección de representantes cada cuatro años;  aunque comienzan a oírse voces críticas y movimientos que cuestionan este raquítico sistema democrático, en el que los representantes políticos que elaboran las leyes o administran los bienes públicos, no acaban de resolver los problemas para los que fueron elegidos o, incluso, generan otros nuevos.

Además, la política está generando alarmantes cotas de corrupción a diferentes niveles y, lo que es peor,  se está instalando en la conciencia colectiva la idea de que estas prácticas son normales e inevitables, a juzgar por el respaldo electoral recibido por algunos políticos, implicados judicialmente en este tipo de asuntos. Hay que que atajar la corrupción, pero sobre todo esa generosa percepción que tienen de ella muchos ciudadanos/as.  Por esta razón, la educación debería aportar las herramientas oportunas para descubrir y rechazar las actuaciones egoístas e insolidarias de los gestores de los bienes públicos (y privados)  y exigir las resposabilidades pertinentes.  Y, además de favorecer el ejercicio de la autonomía y de la libertad responsables, debe  proveer a las personas de los valores y actitudes necesarios para construir una democracia real, que cuestione los cauces de representación existentes e impulse nuevas estrategias asociativas y participativas que favorezcan la toma de decisiones colectivas relevantes. Como las Plataformas Stop Deshaucios y otros grupos afines, surgidos en el seno de los colectivos sociales del 15 M,  que han sido capaces de agitar , en parte, las conciencias individuales e institucionales (Judicatura, Policía, etc) y obligar al Gobierno a repensar sus políticas en materia hipotecaria, durante los días previos a la Huelga General del 14 N.

Pero queda tanto por hacer en el campo de la socialización, que las palabras de Gonzalo Roffignac sobre los niños de su colegio y la ignorancia de los "hombres" de los 80 me suenan a premonición aumentada a la enésima potencia.

Epílogo 

Hemos reflexionado sobre el desarrollo individual, sobre la concienciación ecológica y social y sobre la implicación de los seres humanos en la vida democrática. Sin embargo, después de más de mil novecientas palabras buscando sentidos a la educación,  me he dado  cuenta de que aún me resta por decir lo más importante , es decir, lo que le da sentido a nuestra existencia: La búsqueda de la felicidad.

Porque educar no es otra cosa que mostrar el camino hacia la vida buena que describen los filósofos en sus manuales de ética. Una vida buena que se eleva a felicidad colectiva, mientras retroalimenta la propia felicidad individual al vernos reflejados en el espejo de los otros seres humanos.  Este es, para mí,  el fin último de la educación, tanto en el seno de la familia (cualquiera que sea el tipo de familia), como  en la escuela en todos los niveles.

Me pregunto (retóricamente) si este modelo educativo le interesa al sistema político-social vigente. La respuesta es fulminante: Obviamente no. Por el contrario, este se nutre de  ciudadanos/as acríticos, desmovilizados y devoradores de recursos, que alimentan las cuentas de resultados  de las minorías financieras.

Sin necesidad de ir más lejos en el espacio y en el tiempo, el modelo de  educación que aquí proponemos está a años luz de la reforma que hoy en día nos impone el ministro de turno, a juzgar por el concepto de educación que destilan las primeras líneas  del anteproyecto de la nueva ley educativa (LOMCE): "La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país." Así, sin anestésico preámbulo; sin adornos; sin grandes parrafadas; sin vergüenza.  ¡Qué cinismo!

La sociedad que queremos la mayoría de los ciudadanos/as requiere la participación colectiva de  hombres y mujeres que empiecen a saber que fuera de los muros de la escuela, otro mundo es posible. Y que la educación es el motor para hacerlo realidad. Nos estamos jugando el futuro.

Educar en tiempos difíciles (1ª parte): Un motor para los naufragios.
Educar en tiempos difíciles (2ª parte): El desarrollo personal.
Artículo completo en scribd 
Educar Para Que

1 comentario:

Un médico indignado. Antonio Pintor Alvarez dijo...

Un análisis serio, riguroso y de rabiosa actualidad.Me ha gustado mucho. Enhorabuena