domingo, 11 de noviembre de 2012

Educar en tiempos difíciles (2ª parte): El desarrollo personal.



Educar en tiempos difíciles (1ª parte):Un motor para los naufragios.

Hoy en día educar significa, a nivel personal,  dotar a los individuos de los conocimientos y las estrategias necesarias para potenciar el desarrollo de la afectividad, las habilidades cognitivas, la imaginación, la creatividad,  las capacidades de expresión y comunicación (incluyendo las correspondientes al espacio digital), la autonomía personal y el ejercicio responsable de la libertad. Cualquier manual de Pedagogía describe con cierto detalle el papel de  estas capacidades en el desarrollo de la personalidad. Sin embargo, creo, sinceramente,  que todos los conocimientos y aptitudes descritas anteriormente no bastan por sí mismas para moverse por el mundo. Necesitamos de una equipación intelectual complementaria ante el dogmatismo circulante.  

Los seres humanos hemos heredado de nuestros antepasados un legado cultural muy rico y diverso, que incluye aportaciones científicas, tecnológicas y artísticas, pero también mitos, creencias  y tabúes religiosos, cuya persistencia pueden ser un lastre para el progreso social, surgido a la luz de los avances científicos y de la Delaración Universal de Derechos Humanos.  Además, hay una ingente cantidad de información falsa o, al menos,  sin contrastar, circulando por los medios de comunicación en general, y por la Red en particular, que compromete seriamente la adquisición de conocimientos fiables sobre el mundo y sobre nosotros/as. Por estas razones, la educación debe propiciar el nacimiento y desarrollo de lo que denominamos "espíritu crítico", que no es otra cosa que  una cierta dosis escepticismo, entendido como una herramienta que inmuniza nuestras mentes, ante la virulencia de las falsas creencias, los viejos y nuevos demonios y el relativismo moral. "La duda es uno de los nombres de la inteligencia." decía Jorge Luis Borges.

En este sentido, tampoco hay que olvidar el desarrollo de otras tres cualidades individuales esenciales: La coherencia personal, sustentada en unos firmes principios, los que necesitamos para mantener  criterios propios ante las opciones de la vida,  lejos del "aborregamiento" y de la adaptación camaleónica; la motivación, la ilusión  y las aptitudes para seguir aprendiendo a lo largo de la vida y, en muchas ocasiones, el talento para “desaprender”, es decir, para cambiar nuestros puntos de vista,  de forma reflexiva, ante el flujo de los acontecimientos y las razones de los demás.

En este contexto individual, la educación debe tener otros dos objetivos adicionales fundamentales relacionados con la Justicia y la Igualdad, que trascienden la esfera personal para adentrase en la social.

El primero se refiere a la prevención y a la atención de las desigualdades físicas, síquicas, socio-económicas o de cualquier otra índole, que permitan la integración de todos/as los ciudadanos/as como miembros activos, de pleno derecho, a pesar de sus limitaciones.

El segundo se vuelca en la formación y el reciclaje en el mundo laboral, dos  retos educativos de primer orden en estos tiempos en los que el trabajo se ha convertido en un bien escaso y transitorio, merced a eso que llaman, eufemísticamente, reformas laborales, pero que no son más que máquinas de fabricar parados/as,  a la sombra de la economía de mercado. Por todo ello, la educación, además de preparar a los ciudadanos/as para desarrollar un trabajo a la medida de sus capacidades,  debe dotar de los instrumentos reflexivos para cuestionar el modelo socio-económico que nos ha abocado a esta situación y reclamar,  para uno mismo y para los demás, el empleo digno con el que, además de incorporarnos como miembros útiles a la sociedad, podamos satisfacer unas necesidades básicas  sensatas.
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La idea  que viene a continuación parece obvia: La educación tiene que ir más allá del individuo y avanzar hacia su socialización, es decir, hacia su adaptación a la sociedad mediante los conocimientos, actitudes  y habilidades adquiridas. No se trata de un proceso posterior en el tiempo, sino paralelo al desarrollo individual. Cómo hacerlo  es otra cuestión. En la manera de abordarlo  aparecen diferencias significativas entre los diferentes modelos educativos, basados en las concepciones existentes sobre el ser humano, la sociedad  y la economía. Pero dejemos esto para una próxima entrada.

Educar en tiempos difíciles (1ª parte): Un motor para los naufragios.
Educar en tiempos difíciles (3ª parte): La vida en sociedad.

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